Cada 22 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Leucemia Mieloide Crónica (LMC)

Cada 22 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Leucemia Mieloide Crónica (LMC), una fecha destinada a generar conciencia sobre una enfermedad que puede desarrollarse durante un tiempo sin presentar síntomas evidentes.
La LMC es un tipo de cáncer que comienza en la médula ósea, donde se producen las células de la sangre. Una de sus características es que, en muchos casos, se encuentra de manera inesperada a partir de un hemograma realizado por controles de rutina o por otro motivo.
A diferencia de algunas leucemias de evolución rápida, la LMC suele avanzar de manera más lenta y frecuentemente es diagnosticada durante una etapa denominada fase crónica, en la que existen tratamientos que permiten controlar la enfermedad durante períodos prolongados.
Una alteración genética está detrás de la enfermedad
La leucemia mieloide crónica se origina a partir de una alteración genética adquirida que da lugar al gen de fusión BCR::ABL1.
Este cambio está relacionado con una modificación de los cromosomas 9 y 22 y provoca la producción de una proteína que favorece la multiplicación excesiva de determinadas células sanguíneas.
La enfermedad no se transmite de padres a hijos como una característica hereditaria y, en la mayoría de los casos, la alteración aparece durante la vida de la persona
¿Qué síntomas pueden aparecer?
En sus primeras etapas, la LMC puede no provocar síntomas. Cuando aparecen manifestaciones, pueden ser poco específicas y confundirse con otros problemas de salud.
Entre las señales posibles se encuentran:
Cansancio o debilidad persistente.
Falta de aire ante esfuerzos habituales.
Fiebre.
Pérdida de peso sin una causa conocida.
Sudoración nocturna.
Mayor susceptibilidad a infecciones.
Sangrados o aparición de anemia.
Dolor o sensación de pesadez debajo de las costillas del lado izquierdo.
Esta última manifestación puede estar relacionada con un aumento del tamaño del bazo, una de las alteraciones que pueden presentarse durante la evolución de la enfermedad.
Tener alguno de estos síntomas no significa necesariamente que una persona tenga leucemia. Por eso, ante señales persistentes, la evaluación debe quedar en manos de un profesional de la salud.
El hemograma puede abrir la puerta al diagnóstico
Una de las particularidades de la LMC es que puede descubrirse antes de que aparezcan síntomas.
Un hemograma de rutina puede mostrar modificaciones en las células de la sangre que lleven al médico a solicitar estudios complementarios.
Cuando existe sospecha de LMC, se realizan pruebas específicas para detectar la presencia del BCR::ABL1, cuya identificación permite confirmar el diagnóstico y orientar el tratamiento.
Después del diagnóstico, los controles periódicos son fundamentales para conocer cómo responde la enfermedad a la medicación y detectar eventuales cambios en su evolución.
Los tratamientos dirigidos modificaron el panorama
Uno de los grandes avances en el tratamiento de la LMC fue el desarrollo de los inhibidores de tirosina quinasa (TKI).
Estos medicamentos actúan sobre la proteína anormal producida como consecuencia del gen BCR::ABL1 y se convirtieron en una de las principales herramientas terapéuticas para las personas diagnosticadas durante la fase crónica.
Su incorporación modificó de manera significativa el pronóstico de la enfermedad y permitió que muchos pacientes puedan mantenerla controlada durante largos períodos mediante tratamiento y seguimiento médico.
La elección del medicamento y la estrategia terapéutica dependen de cada caso y deben ser determinadas por el equipo médico.
LMC y leucemia mieloide aguda no son lo mismo
Aunque ambas enfermedades tienen la palabra “mieloide” en su nombre, la leucemia mieloide crónica y la leucemia mieloide aguda (LMA) son diferentes.
La LMC suele presentar una evolución más lenta y puede permanecer durante un período prolongado en fase crónica. En cambio, la LMA se caracteriza por una proliferación rápida de células inmaduras y generalmente requiere iniciar el tratamiento poco después del diagnóstico.
También existen diferencias en las alternativas terapéuticas. En la LMA, dependiendo del subtipo y de las características de cada paciente, pueden utilizarse quimioterapia, terapias dirigidas o trasplante de células madre.
La importancia de los controles
El Día Mundial de la Leucemia Mieloide Crónica busca poner el foco en una enfermedad que puede pasar inadvertida durante sus primeras etapas.
Los controles médicos y los análisis indicados por profesionales pueden permitir detectar alteraciones antes de que aparezcan manifestaciones importantes.
La LMC es una enfermedad que requiere diagnóstico, tratamiento y seguimiento especializado, pero los avances terapéuticos de las últimas décadas transformaron de manera considerable las posibilidades de control para muchas personas.










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