El H3N2 avanza en el país y refuerzan las recomendaciones para prevenir contagios.
- chacoenalta

- 22 ene
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El aumento de cuadros gripales con fiebre alta, dolor corporal intenso y tos persistente encendió las alertas en distintos puntos del país. En las últimas semanas, las guardias médicas registraron un crecimiento sostenido de consultas vinculadas al virus H3N2, un subtipo de la Influenza A que se caracteriza por su inicio brusco y alta capacidad de contagio.

Especialistas advierten que los cambios bruscos de temperatura y la circulación viral estacional favorecen la propagación de este tipo de infecciones, que pueden afectar incluso a personas que ya tuvieron gripe en temporadas anteriores. Esto se debe a que el virus muta cada año, lo que dificulta la generación de una inmunidad duradera.
El H3N2 pertenece a la familia de la Influenza A, responsable de la mayoría de los brotes gripales estacionales. Su nombre se relaciona con dos proteínas de superficie —hemaglutinina tipo 3 y neuraminidasa tipo 2— que facilitan el ingreso del virus a las células humanas y explican su rápida transmisión.

Si bien un diagnóstico positivo de Influenza A no implica necesariamente un cuadro grave, los profesionales de la salud remarcan que el H3N2 suele presentarse de manera más agresiva que un resfrío común. A diferencia de este último, que aparece de forma gradual, la gripe por H3N2 se manifiesta de manera repentina, con fiebre elevada, dolores musculares intensos, escalofríos, agotamiento marcado y tos persistente.
Otro rasgo distintivo es que, a diferencia del COVID-19, la pérdida del gusto y el olfato es poco frecuente, aunque el malestar corporal suele ser más intenso. El virus se transmite a través de gotitas respiratorias al toser, estornudar o hablar, y una persona puede contagiar desde un día antes de presentar síntomas y hasta varios días después de que baja la fiebre.
El curso habitual de la enfermedad se extiende entre siete y diez días. Los primeros días predominan la fiebre y el malestar general; luego aparece una tos más intensa y una fatiga prolongada que puede persistir incluso cuando el resto de los síntomas mejora.
En la mayoría de los casos, el tratamiento consiste en reposo, buena hidratación y el uso de paracetamol para controlar la fiebre, mientras que los especialistas insisten en evitar los antibióticos, ya que no son efectivos frente a virus. La prevención sigue siendo clave y se basa en la vacunación antigripal anual, el lavado frecuente de manos, la ventilación de los ambientes y el uso de mascarillas en caso de síntomas.
Los grupos de riesgo —bebés, personas mayores de 65 años, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas— deben consultar de inmediato ante signos de alarma como dificultad para respirar o fiebre persistente por más de cuatro días.









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