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El mercado laboral en retroceso: se pierden casi 400 empleos formales por día en Argentina.

El deterioro del empleo formal en la Argentina se consolidó como una de las consecuencias más visibles del actual rumbo económico. Lejos de tratarse de un fenómeno aislado o coyuntural, los datos oficiales muestran una contracción sostenida del entramado productivo desde el inicio del gobierno de Javier Milei.

Entre noviembre de 2023 y octubre de 2025 desaparecieron más de 21 mil empleadores con trabajadores registrados, lo que equivale a un promedio cercano a 30 empresas menos por día. En paralelo, el empleo formal cayó en más de 272 mil puestos, una dinámica que se traduce en la pérdida de alrededor de 400 trabajos registrados diarios.

Las cifras surgen de los registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo y reflejan un proceso de ajuste que impacta de manera transversal en la economía. La caída del empleo no distingue sectores ni tamaños de empresas, y se inscribe en una estrategia que redujo al mínimo el rol del Estado como impulsor de la actividad productiva.

Desde el inicio de la gestión libertaria, el Gobierno nacional descartó la política industrial como herramienta de desarrollo. La eliminación de programas de crédito productivo, el cierre de áreas específicas destinadas a las pymes y el repliegue del Estado como actor de coordinación dejaron a miles de empresas expuestas a un contexto de recesión, altas tasas de interés y consumo deprimido.

Sectores golpeados

El retroceso de los empleadores se observa con claridad en actividades clave. Transporte y almacenamiento encabezó las pérdidas, seguido por comercio, servicios profesionales, servicios inmobiliarios e industria manufacturera. La construcción y el sector agropecuario también mostraron caídas significativas, afectadas por la paralización de la obra pública, el encarecimiento del financiamiento y la caída de la inversión.

En términos relativos, el transporte fue el sector más afectado, con una reducción de empleadores cercana al 13%. Se trata de actividades especialmente sensibles al nivel de actividad económica, la inversión y el crédito, variables que permanecen fuertemente restringidas.

El impacto también se trasladó al empleo registrado. La administración pública, la construcción y la industria manufacturera concentraron la mayor parte de los puestos perdidos. En el caso del Estado, la reducción de personal formó parte de una estrategia explícita de achicamiento, acompañada por recortes presupuestarios en organismos estratégicos como el INTI, el INTA y el Conicet, con consecuencias directas sobre el empleo y las capacidades productivas.

PyMEs y grandes empresas

El ajuste afectó de manera desigual según el tamaño de las firmas. Casi la totalidad de los empleadores que dejaron de existir correspondían a empresas de hasta 500 trabajadores, lo que expone la fragilidad del entramado pyme frente a un escenario de tasas altas, caída de ventas y falta de herramientas de financiamiento.

Al mismo tiempo, las empresas de mayor tamaño concentraron la mayor cantidad de despidos, evidenciando que la contracción económica se expresó tanto en el cierre de pequeñas firmas como en recortes de personal en grandes compañías.

El contexto macroeconómico terminó de profundizar el escenario. Desde mediados de 2025, la decisión de sostener tasas de interés elevadas para contener la inflación y el dólar no logró revertir la tendencia inflacionaria, mientras continuó enfriando la actividad y el empleo.

A casi dos años del inicio del actual gobierno, los datos oficiales reflejan que la promesa de una recuperación impulsada exclusivamente por el mercado no se tradujo en mayor inversión ni en creación de empleo. Por el contrario, el saldo es un mercado laboral debilitado, un entramado productivo más pequeño y una recuperación del empleo formal que, por ahora, no aparece en el horizonte.

 
 
 

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