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Panaderías en crisis: inflación, bajas ventas y competencia desleal.

La crisis económica que atraviesa el país golpea de lleno a las panaderías chaqueñas, un sector históricamente resiliente frente a las dificultades.


Alejandro López, referente de la Asociación de Panaderos del Chaco, advirtió que agosto fue un mes “caótico” para el sector, con una fuerte caída en las ventas, sumada a la inflación, la suba del dólar y el encarecimiento de los insumos.

“El pan es el termómetro de la crisis: cuando sube el dólar, suben automáticamente la harina, la levadura y las grasas. Todo aumenta y lo peor es que las ventas bajan”, explicó.

La situación derivó en producción reducida, sobrantes de mercadería e incluso cierres de panaderías históricas como La Espiga de Oro, que tras 93 años debió bajar sus persianas.

Otro de los problemas señalados por el sector es la competencia desleal de panaderías ilegales que venden a precios por debajo del costo, evadiendo impuestos y sin personal registrado. López denunció que incluso el Estado ha comprado pan a proveedores sin papeles en regla: “Eso no puede pasar, el Estado no debería beneficiarlos”.

Con un último trimestre que se presenta como temporada baja, la incertidumbre crece entre los panaderos. “Pasamos la pandemia y la inflación mes a mes, pero esta vez se siente más duro. Somos laburantes, vivimos de nuestros clientes, pero hay que ajustarse los pantalones y esperar el garrotazo”, lamentó el referente del sector.

Pese a todo, los panaderos chaqueños buscan resistir: “El pan siempre está en la mesa de los argentinos, incluso en las crisis. Por eso seguimos, aunque la situación sea muy dura”.

 
 
 

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