Día Internacional del Síndrome de Asperger: visibilizar para derribar estigmas.
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Cada 18 de febrero se conmemora el Día Internacional del Síndrome de Asperger, una fecha que invita a reflexionar sobre la inclusión, la desinformación y las distintas formas de violencia —muchas veces simbólicas— que atraviesan las personas dentro del espectro autista y sus familias.

Desde 2013, el Síndrome de Asperger quedó incorporado dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA) en los manuales diagnósticos internacionales. Sin embargo, la denominación continúa utilizándose socialmente para referirse a personas del espectro que no presentan discapacidad intelectual y que, en muchos casos, desarrollan el lenguaje de manera formalmente adecuada.

¿De qué hablamos cuando hablamos de Asperger?
De acuerdo con la Asociación Asperger Argentina, se trata de un trastorno del desarrollo caracterizado por dificultades significativas en la interacción social y por patrones de intereses y comportamientos restringidos o poco usuales.
Esto puede implicar:
Dificultades para comprender normas sociales implícitas.
Problemas para interpretar gestos, ironías o dobles sentidos.
Intereses intensos y específicos.
No se trata de “falta de empatía” ni de “mala educación”, sino de una forma distinta de procesar el entorno.
Invisibilidad y prejuicio
Uno de los mayores desafíos es la invisibilidad. Muchas personas dentro del espectro tienen un coeficiente intelectual promedio o superior y buenas habilidades de comunicación oral. Esa “normalidad aparente” suele jugar en contra, ya que el entorno interpreta ciertas conductas como elecciones personales y no como manifestaciones de una condición del neurodesarrollo.
Frases como “es raro”, “no quiere integrarse” o “es maleducado” transforman una dificultad en un juicio moral. Así, no solo se omiten apoyos necesarios, sino que se castigan comportamientos que requieren comprensión y acompañamiento.
Cuando el estigma baja desde lo público
En los últimos días, la periodista María Julia Oliván relató una situación vivida por su hijo en un espacio recreativo, donde —según denunció— fue apurado innecesariamente pese a no representar ningún riesgo. El episodio volvió a poner en agenda la necesidad de mayor empatía social.
También generaron polémica las declaraciones de la diputada nacional Lilia Lemoine, quien puso en duda públicamente la condición de Ian Moche, un niño de 12 años reconocido por su activismo en defensa de los derechos de las personas con autismo.
La madre del niño recordó que cuenta con diagnóstico desde la primera infancia y con Certificado Único de Discapacidad. Más allá de la discusión política, especialistas advierten que cuestionar públicamente un diagnóstico constituye una forma de violencia simbólica que impacta no solo en una familia, sino en miles que atraviesan situaciones similares.
Más información, menos sospecha
La evidencia y las organizaciones especializadas coinciden en que no existen recetas universales. Cada persona dentro del espectro presenta un perfil único de fortalezas y desafíos. El acompañamiento requiere estrategias personalizadas, enseñanza explícita de habilidades sociales y un entorno dispuesto a comprender.
El Día Internacional del Síndrome de Asperger no debería limitarse a un mensaje en redes. Es una oportunidad para revisar prácticas cotidianas: cómo reaccionamos ante lo diferente, cómo hablamos sobre discapacidad y qué lugar damos a las voces de quienes viven estas realidades.
La inclusión no comienza con un diagnóstico: empieza con la escucha, el respeto y la información.









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