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Alerta en la mesa de los argentinos: se consume hasta un 70% menos de carne roja de lo recomendado.

Un relevamiento nacional expuso una fuerte caída en el consumo de alimentos esenciales y un cambio en los hábitos de las familias argentinas, atravesados por la pérdida de poder adquisitivo.


El Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas, dependiente del Centro de Almaceneros de Córdoba, presentó un informe elaborado a partir de 3.750 encuestas en todo el país y los parámetros nutricionales del INDEC. Los resultados revelan una brecha crítica entre lo que debería consumirse y lo que efectivamente llega al plato.

Según el estudio, el consumo de carnes rojas —asado, carne molida especial o cortes para milanesas— se encuentra un 70% por debajo de lo recomendado. Incluso el pollo, alternativa más económica y que hoy ocupa un lugar central en la dieta familiar, muestra una caída del 21% respecto de los niveles nutricionales sugeridos.

La sustitución de proteínas por carbohidratos se refleja en que los hogares argentinos consumen 20% más pan, 25% más arroz y fideos y 28% más papa que lo aconsejado. En paralelo, se desplomó el consumo de frutas y verduras: la banana cayó un 54%, las mandarinas un 27% y las manzanas un 60%.

“Hay familias que comen lo que pueden”, señaló el titular del Instituto, Gonzalo Romero, en diálogo con Radio UNNE. Explicó que los hogares priorizan productos más baratos y rendidores, lo que genera una dieta desequilibrada: “Muchas veces la infusión con pan reemplaza una comida principal”.

El informe también advierte sobre los riesgos nutricionales de estas prácticas, especialmente en la infancia y adolescencia, donde la falta de proteínas, fibras y calcio puede afectar el desarrollo.

Por otra parte, se detectó un aumento del 30% en el consumo de azúcar, del 13% en yerba mate y del 25% en té, reflejando un reemplazo de comidas por infusiones.

Romero sostuvo que la problemática no es nueva, pero se agravó en los últimos cinco años: “Primero se optó por segundas y terceras marcas; luego se resignaron alimentos esenciales, y ahora estamos en una etapa más preocupante, donde se recortan porciones e ingestas completas”.

El informe pone sobre la mesa un diagnóstico claro: la crisis económica no solo vacía bolsillos, también está deteriorando la calidad nutricional de los argentinos.


 
 
 

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